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Algo referente a los peluqueros, y a las peluquerías también (¿Por qué no?)

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El video es 101% recomendable.

(Texto recontra modificado)


Corrían los primeros días de febrero (o algo así), tenía el pelo muy largo, y es algo que me molesta, más cuando se empieza a tornar “afro”, por una cuestión de comodidad, muchas veces me he cortado el pelo una vez por mes, tan así era que el peluquero cada vez que me veía me decía “¿El mismo corte de siempre?”, y obviamente yo asentía con la cabeza, cinco, quizás diez minutos después ya estaba saliendo de la peluquería, muy satisfecho, claro. Pero como algunos dicen “Lo bueno dura poco”, eso duró algo así como 7 años, que a mis 22, es bastante, pero terminó el día que “intenté” cambiar de peluquero por una cuestión de abandonar la rutina, tan rutinario era, que sabía los días y las horas exactas donde no iba nadie y evitaba la angustiosa espera esa que todos alguna vez nos comimos, mientras hojeábamos una revista “Gente” o “Caras”.

Un peluquero es, virtualmente un enemigo, además de saberlo, lo notan en tu cara de terror, en el miedo que se te ve en los ojos, cuando cortando y cortando, llegan a la parte de atrás de la cabeza y empiecen a hacer de las suyas.

Muchas veces el estado de ánimo del “peluca” no es el mejor, entonces este individuo al notarnos un poco tensos, densos o hinchapelotas, llega a un momento en que se cansa de tanto “…Así sí”, “…Así no”, “No me dejés tan largo ahí”, “Te pasaste de corto allá”, entonces ahí es donde se rompe la relación “Buena onda – Peluquero”, quizás alguna vez lo hayas notado, el peluquero empieza a hacer lo que se le canta, total sabe que corte como te corte, le vas a pagar igual, y no solo eso, sino que también cuando te quieras hacer algo en la cabeza vas a volver a la peluquería, por el simple hecho que el ser humano es en potencia un 70% masoquista (+ IVA).

Algunos casos empeoran, cuando el peluquero ya harto de que le rompan las pelotas, te corta para el culo, o te deja como no querés, encima tienen esa habilidad mentirosa de tocarte con el peine, y decirte “¿Ves? Ahí quedo”, seguro el espejo igual es cómplice del truchaje, porque después cuando volvés a tu casa, te peinas y te peinas y te das cuenta que no quedó un carajo. En el caso de que vuelvas al mismo peluquero un tiempo después, lo frenás cuando la está por cagar, y le avisás que la vez anterior te había quedado mal, y acá pueden suceder dos cosas, o le pone onda y lo hace como vos querés (0,01% probabilidades de que suceda), o te mira como diciendo “¿Ahora vos me vas a enseñar a mi?, Si sabés tanto ¿Por qué no te cortas solo?” y lo más probable es que te corte peor que la vez anterior.

Distinto es el caso de los peluqueros a los que se le piden cambios de peinado, ya que te dan a elegir, y laburan cual tallador de madera, para que al final el peinado termine siendo una cagada, no más no sea porque el peluquero era un re inútil, y a veces según la vergüenza profesional del peluquero, le agregan un “Bueno, pero si querés te hago un descuento”, claro, ¿Yo por diez pesos menos, o cinco, tengo que tener un nido en la cabeza? Forro. Lo mismo sucede cuando le pedís un peinado exótico, por no decir “Mambrú” o “Flogger” y les falla el cálculo y cortan pelo demás, el descuento que intentara aplicarte el “amo de las tijeras” será inversamente proporcional a la cara de culo que vea en el espejo.

Al principio, contaba de mi cambio de peluquero, fue un momento raro, quizás tan desolador, como el primer día de jardín, en el que te largás a llorar para que tu mamá no te deje con todos esos desconocidos , entro a la peluquería (que no voy a mencionar, porque no me pagó para que le haga propaganda, y mucho menos no me cobro, onda canje), insisto, entro a la peluquería, cual individuo yendo al paredón de fusilamiento, en la tele daban “Racing – Rosario Central” me siento, veo que a diferencia de muchas peluquerías había un platito con caramelos. En eso va que empiezo a ver movimientos un tanto extraños, primero, traen una “cosa” de goma que me la ponen alrededor del cuello, es imaginable que casi no podía respirar, a lo que también traen una servilleta de papel y la ponen alrededor de la “cosa” esa de goma, y ahí recién me ponen el delantal, para que el pelo no caiga en la ropa, mientras pensaba que, “Central” si seguía jugando así se iba a ir a la B, también pensaba, ¿tanto preparativo? si solamente me vengo a cortar el pelo, no quiero ni imaginarme lo que pasaría si vengo a que me lean el futuro.

El corte de cinco minutos al que estaba acostumbrado, duró más, fue eterno, entre un tijeretazo, y un “Uhhh” de algún gol que se comía Racing parecía que pasó una semana, sumado a la cara de orto que puso cuando me preguntó “¿Te corto con maquina?” yo ya de muy mal humor respondí: “No, con tijera, todo con tijera”, ahí fue cuando se quebró la relación “Buena onda – Peluquero”, no solo no me corto como quería sino que cuando volví a mi casa, para NADIE me había cortado el pelo, fue ahí cuando dije “Este hijo de puta me cagó”, y no solo eso, porque cuando le pagué, me cobró treinta pesos, no soy de quejarme ni por la plata ni por el precio, pero cuando me sacó el delantal, algo muy adentro mío me decía “Julián, sos un boludo, no te corto nada el pelo, y lo sabés, y no vas a decir nada”, treinta pesos más pobre pensé, “Por lo menos le hubiese comido todos los caramelos”.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso, entonces el otro día de nuevo, ya era hora de que me cortara el pelo, y pensaba en volver a la anterior peluquería, pero antes de hacerlo, pensé que era como volver con una ex-novia, y cuando te pregunte donde habías estado en todo ese tiempo, ibas a tener que mentirle y mucho. En eso un día estando con mis sobrinas, veo que andaban jugando peligrosamente con unas tijeras, cuando se las saco, meto dos dedos, y hago el clásico “Chic, chic, chic” que hacemos todos cuando tenemos una tijera a mano, y en ese momento, me agarro un mechón de pelo, y le pego un corte, ya ahí es un camino que no tiene retorno. Casi dos horas después estaba terminando de cortarme el pelo solo, por primera vez en mi vida y lo mejor de todo, es que quedé más satisfecho que nunca, aunque sobren los que dicen:
-¿Te cortaste el pelo?
-Si.
-Se nota.
-¿Se nota mucho que me corté solo?
-No, te quedo bien… (Relojean), ah, pero acá te quedó desparejo.
(¡ÉSTA!)

Dedicado a Lucho, (Un maníaco del pelo)